Haber admitido que no quería cuidar a mis sobrinos fue algo bueno. A veces no decimos lo que sentimos por el miedo al “que dirán” (cosas como: “uy, qué bárbaro, ¿cómo no va a querer a sus sobrinos?), pero en realidad no debemos cargar sobre nuestras espaldas asuntos que no queremos. De hecho, más amor demuestro por ellos al decir lo que siento que no hacerlo, pues dejarlos a mi cargo significaba que terminaba gritándoles y regañándolos por cualquier cosa sólo por la presión que sentía de no poder hacer lo que quería o sentirme obligado a dedicarles ese tiempo…

Todo es cuestión de saber decir las cosas con amabilidad y ser lo más claro posible…

Haberlo expresado mis emociones me permitió trabajar en ellas y ahora no pongo en duda mi cariño por ellos, cuando se quedan en mi casa les puedo pedir mi espacio para trabajar en mis cosas o dedicarles tiempo con la tranquilidad de no tener que quedarme con ellos en el momento que no desee. Los trato mejor, no les grito, y ellos me aman y yo a ellos.


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