Estaba yo meditando sobre como escribir esta entrada (me sigue siendo un poco difícil), cuando veo el viernes pasado un post en Instagram de @thewelgian sobre la caída que tuvo Bernard Hinault durante el Dauphiné-Libéré del ’77 (https://instagram.com/p/ByuovpDoZRW/).

Ahora bien, espero no haberlos perdido con ese enlace y estén leyendo aún. Esa caída e Hinault tienen un gran significado en mi vida deportiva.

El libro de Ciclismo con Bernard Hinault (que escribió junto a Claude Genzling) fué el primero o de los primeros y definitivamente el mejor libro de ciclismo que leí en la época en que comenzaba. En la sección sobre como descender, el habla de esta caída y de como en ese momento realmente no sabía lo que estaba haciendo cuando bajaba a esas velocidades. Ese día, como se puede apreciar en el video, las consecuencias sicológicas que tuvo la caída son evidentes, estando a punto de bajarse de la bici. Pero eso no lo detuvo… con los años, Hinault se convirtió en un referente sobre como descender en bicicleta, y era conocido como “El Tejón”, pues nadie lo podía atrapar.

Hablemos pues, del miedo… mi más grande miedo a la hora de montar en bicicleta siempre fue la posibilidad de una caída. En el pelotón siempre me detuvo ese miedo para ir adelante con los mejores, pues temía caerme y peor aún… perjudicar a alguien más (en la bici todos somos responsables de todo). Pero les cuento algo… puedo decir con conocimiento de causa… ¡no se dejen vencer por sus miedos! Lo digo porque a pesar de todo yo seguí adelante, al final encontré mi manera de enfrentarlo y ha valido la pena cada caída y cada visita al hospital que he tenido. También valió la pena haber estado dispuesto a alejarme de mi familia y emprender mi viaje a Italia. Cada trabajo al que renuncié en busca de mis sueños y cada mujer a la que me atreví confesarle mi amor. Cuando dije lo que sentía o creía (siempre con educación), cuando defendí a quien lo merecía. Nunca dejé de enfrentarlo, algunas veces me venció, pero la mayoría vencí yo al seguir adelante.

Lo curioso es que una vez que lo acepté (luego hablaremos del ego), aparecieron amigos que me ayudaron y hasta me obligaron a irlo superando, aunque aún a veces me derrota. Mi amigo Nicola en Italia que se ofreció voluntariamente a cuidarme en el pelotón, mi amigo Manolo que me obligó a montar en MTB, él mismo y los amigos del grupo que me esperaban con paciencia al final de cada descenso. A todos ellos les debo mucho aún si no lo saben.

Con el tiempo de hecho me convertí en un “discesista” bastante descente en la bici de ruta y sigo mejorando, en MTB todavía queda un largo camino pero ahí sigo jaja.

Hoy es una entrada corta porque de lo que aprendí sólo les puedo decir esto: aceptar mis miedos y no tener miedo de admitirlos ha sido genial, la persona que me ayude a superarlos puede estar acá a la par mía sin saberlo. También me siento más libre al no tener que ocultarlo, ni inventar escusas para no hacer ciertas cosas… es de las mejores decisiones que he tomado.

Es probable que más adelante les cuente un poco al estilo Star Wars sobre los efectos que el miedo tiene sobre nuestro carácter. Por ahora me despido y sigan adelante, persigan sus sueños.


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