El otro día leía algo que escribió un empresario sobre la dificultad que envuelve el ser emprendedor y/o dueño de una empresa (estar pendiente de préstamos del banco, guardar el dinero de la planilla, promocionar los productos, entre otras cosas) y hasta ahí todo bien. Resulta que el señor muy buena gente decidió compartir algo de su experiencia.

Pero como siempre, empiezan los comentarios típicos: “No quiero generalizar, pero CASI todos los que tienen empresas o son corruptos o las heredaron de sus padres”, “fijo deben los impuestos mientras los pobres pagamos más”, etc. Y ese tipo de comentario se aplica a otros ámbitos: “el es buen deportista porque se dopa”, “ah, es que el tiene tiempo para entrenar”, “es que yo no terminé de estudiar porque ocupaba trabajar”…

¿Tomar la lluvia como excusa para no entrenar… o pensar en los campeones que no se dejan vencer por ella?

Pues aunque tal ves sean casos excepcionales, me han contado la historia de un señor que empezó vendiendo churros en las fiestas de fin de año y con el tiempo logró montarse su empresa de churros y hacer un dineral. Tuve compañeros que hasta tuvieron que dormir escondidos en las aulas porque no les alcanzaba el dinero y aún así lograron sacar su título universitario. Una amiga que es esposa, madre de dos hijos y con trabajo, que aún así encuentra su tiempo para entrenar en bicicleta.

¿Y cuantas historias no existen? Campeones que salieron de la nada, de lugares humildes, gente que salió adelante en sus estudios… recuerdo que yo me fijaba en casos de personas que pasaron a ser ciclistas profesionales a una edad “avanzada” y me daban fé de que podía seguir intentándolo.

Por un lado, en realidad dudo que a las personas exitosas les importe lo que dicen de ellos, pero a lo que voy es a esto: uno puede generalizar que sólo con una herencia se puede ser rico y tomar eso como EXCUSA, o puede fijarse en el caso excepcional del chavalo que si la pulseó y logró ser exitoso y tomarlo como INSPIRACIÓN. La decisión es de uno.

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