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La Cannibale, mi primera MTB. Llamada así en honor al gran Eddy Merckx y heredada de mi ex-jefe y amigo Manolo.

No recuerdo bien cuando empezó… Apenas si tengo algunos recuerdos de mi bici de niño, que había sido heredada de mi hermano a un primo y luego a mi, no recuerdo mucho de cuando aprendí.

Aunque me había iniciado en el fútbol, un día lo vi muy claro… Yo quería dedicarme al ciclismo.

Alguna cronoescalada en la terrible subida de San Ignacio de Acosta a Tarbaca.

Es difícil describir lo que ha significado eso para mi. A pesar de muchos miedos que me provocaba (en especial la posibilidad de una caída) y no lograr animarme a competir en Costa Rica, logré de alguna manera convencer a mis padres, y un día sin esperarlo (ya casi sin fé) me comunicó mi madre que me pagarían el viaje a Italia del que le había hablado.

Sin saber como iba a hacer o que iba a suceder, empaqué mis chunches y abordé el avión rumbo a Venecia. Allí conocí finalmente a Renato “Ron” Palazzo y su equipo, el Velo Veneto. Con todo el miedo del mundo me atreví finalmente a competir y no me fué mal, haya que un martes, después de una tremenda subida al Monte Como en la carrera del domingo, Renato se acercó a mi y gente al equipo dijo: “vamos a ir a entrenar y cuando volvamos hablamos de como usted va a ser profesional.” El mejor día de mi vida, sin duda.

La subida a Foza, en el Veneto.

El plan era sencillo. Recibiría un plan de entrenamiento por parte de Ron, el cuál debía seguir en Costa Rica hasta el año siguiente, cuando volvería a Italia para participar en un equipo de categoría élite y de ahí iniciar el paso a profesionales. También con la condición de que debía terminar mis estudios en el transcurso del año. Claramente sabía que yo no iba a ser un futuro ganador del Giro o Tour, pero si tenía lo suficiente para ser un gregario de calidad, de esos que buscan los equipos para que ayuden a sus capos sin rivalizar con ellos. No había más que decir… mientras me pagaran por andar en bicicleta yo estaba feliz.

De vuelta en Costa Rica terminé mis estudios rápidamente y seguí el plan de entrenamiento. Pero la vida no es color de rosa, y antes de emprender el viaje de nuevo a Italia, Ron me indicó que no iba a poder viajar ese año… para no darme por vencido participé en algunas carreras acá en Costa Rica e incluso me fue mencionada la posibilidad de participar en la Vuelta a Costa Rica, lo cual me sonó muy bien, hasta que en una carrera sufrí una caída que me provocó una lesión en la espalda que me impidió seguir corriendo por un mes y ahí quedó todo.

La cima del Montegrappa, montaña recurrente del Giro.

Sin embargo, no me dí por vencido y me prometí que el año siguiente, a como fuera, me iría a Italia. Ya tenía 27 años, pero un tal Bjarne Riis había pasado a profesionales a esa edad y estaba ahora corriendo el Tour de France, así que, ¿porqué no? Además ya conocía el ambiente y el idioma y como conseguir un equipo para competir y hacer palmarés para buscar un equipo élite por mi mismo. Con poco tiempo de aviso, hice un trueque de propiedades y con el dinero me pagué el pasaje, le dije a mis padres y me fui de nuevo. Me estaba jugando el todo por el todo y valía la pena.

Un mal vuelo del que no me pude recuperar, un sobre entrenamiento y una preocupación incontrolable terminaron por echar a perder la oportunidad. Un miedo terrible y un dolor en los muslos me impidieron terminar una sola carrera. Por esos asares de la vida me topé a Ron nuevamente y él con su gran fé en mi habló con un equipo local para que me aceptara. Lo hicieron con la condición de que yo me pagara la estadía, pero para ese momento ya mi ansiedad, sin saberlo, se había apoderado de mi vida… todo se fue por la borda.

Gracias a la suerte en una rifa pude poseer por un tiempo esta belleza jaja.

Volví a mi país a una vida a la que ya no le encontraba sentido, intenté volver a competir (ya un par de entrenadores locales habían manifestado interés en mi, así que porque no intentarlo). Un atropello, mas de dos meses en cama y rehabilitación y decidí que era hora de buscar un nuevo rumbo…que nunca funcionó… una serie de trabajos que disfruté y podía tolerar, algunos otros que no, tres atropellos más mientras entrenaba (un bus, un rollo de tubos que cayó de un camión y otro desconocido en el que sólo me encontraron desubicado tirado en la calle, sin memoria de quien era o que había pasado).

Pero aca sigo, algunas carreras master (un par con victorias), una lesión en la espalda que me impide entrenar bien (resultó que aparentemente en aquella caída de joven me fisuré dos vertebras), y la bicleta me sigue provocando la misma emoción de todos estos años. Seguiré buscando como poder dedicarme a ella por completo como siempre lo deseé,
llegó la hora de probar las opciones alternativas en las que nadie parece confiar, pero si otros lo han logrado, ¿porqué yo no?