La semana pasada hablé de como había decidido volver por alguien, alguien a quien valía la pena esperar y llevar las cosas a su ritmo. Pues bien, hoy me di cuenta de que esa persona ya había decidido seguir por un camino diferente, sólo que yo no lo sabía y decidió no decírmelo.

Lo bueno de estar en mi posición, nivel o como quieran decirlo, es que he aprendido a dar lo mejor de mi y con amor hacia las personas, no por obtener nada a cambio (aunque de repente se motiva uno a dar un poquito más por alguien en particular). Me satisface ahora el hecho de no haberme dado por vencido, de no haber asumido nada, de haber sido yo mismo y haber dado lo mejor de mi.

El tiempo demuestra si una persona desea lo que uno tiene para dar o no, pero eso no esta bajo mi control. Lo que yo sé es que esa disposición de estar ahí para alguien nace muy dentro de mi y no desaparece sólo porque esa persona no supo ser honesta. Hoy ya me comprobé a mi mismo que no lo hago por conveniencia.

Las cosas que se hacen por amor se hacen por una pareja, por un amigo o por algún desconocido que de repente parece necesitarlas, siempre sin esperar nada a cambio más allá de esa satisfacción de haber ayudado, de haber inspirado, de haber puesto una sonrisa en un rostro que lo necesitaba, de haber sacado lo mejor de una persona.

Y hoy he comprobado que tengo eso en mi. Y que soy incapaz de guardar resentimiento hacia alguien. Lamentablemente no creo llegar a tener la oportunidad de decírselo, por eso lo escribo. Espero poder ver a esa persona y decirle: “oye, por ahora estaremos alejados, pero estaré de nuevo acá cuando lo necesites, igual te hubiera ayudado sabiendo lo que sé hoy”. Lamentablemente ya no esta bajo mi control poder hacerlo.

La vida ciertamente te pone a prueba, pone a prueba lo aprendido. Si cambiara mi forma de ser ahora y actuara con resentimiento, todo lo que he pasado no valdría para nada.

Por eso acá voy, me seguiré entregando, diciendo lo que siento, amando porque si, abriendo el corazón, expresando lo que siento sin miedo a ser lastimado o a lastimar, porque no hay nada que cause tanto dolor como lo que no se dice o no se hace, nada que cause tanto dolor como las oportunidades que no se aprovechan.

Y así es la vida, a veces lo damos todo y no se dan las cosas. A veces sacrificamos todo por lograr ser ciclistas profesionales y no lo logramos. A veces sacrificamos la estabilidad económica por intentar lanzar un negocio propio y no lo logramos. A veces lo damos todo por conocer y estar con una persona que consideramos especial y no lo logramos. A veces nos enfrentamos al miedo más profundo y no lo logramos. Pero si al final del día tenemos una sonrisa en el rostro, si podemos ver a los demás a los ojos, si (como dijo mi madre) tenemos arroz y frijoles para alimentarnos… Si tenemos esa paz y alegría en el corazón, todo habrá valido la pena.

Y dejo una famosa frase, porque el miedo se esconde en los lugares menos esperados sin que la gente se de cuenta, y el miedo siempre causará dolor en un momento u otro. Miedo incluso a decir “no” o miedo a decir lo que se siente. Por favor, no se dejen llevar por él.

El miedo es el camino al lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro.

Maestro Yoda, de la Guerra de las Galaxias

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