Siempre he padecido de mayor sudoración que los demás, pero en un momento determinado el problema se torno vergonzoso… decidí que era hora de buscar ayuda y en eso apareció un anuncio en el periódico que decidí seguir. Tras una consulta con el especialista (que ofrecía una cirugía como solución a ciertos problemas de sudoración) me indicó que no podía ayudarme, pues por el tipo y zonas de sudoración se trataba de un problema sicológico.

Asombrado, pues yo me sentía bien conmigo mismo, pero como al mismo tiempo siempre me sentí aparte del mundo y de los demás, decidí seguir su consejo… digo, ¿qué razones tiene un médico para no sacarle dinero a uno, a menos que de verdad crea que no puede ayudar?

Vivir con ansiedad es como ser seguido por un voz. Ella conoce todas tus inseguridades y las utiliza en tu contra. Llega al punto en donde es la voz más fuerte en la habitación, la única que puedes escuchar.

Autor desconocido.

Con un poco de congoja visité al sicólogo recomendado (digo, porque a uno le enseñan que al sicólogo van los que están locos o son muy dramáticos). Tras varias consultas sugirió que yo padecía de ansiedad. Sin embargo, el costo de la consulta me imposibilitó seguir con las citas y tuve que dejar el asunto.

Unos tres años después y el problema se tornó grave… ya no era la sudoración solamente, si no el constante sobre-pensamiento acerca de como iban a salir las cosas, no a largo plazo, curiosamente nunca he sido de planear mucho las cosas, si no del resultado inmediato de mis acciones, de si lo hice bien o no, si tomé la decisión correcta, de que estaría pensando la persona con la que me encontraba hablando, etc., etc…. y por supuesto, en eso conocí a una gran mujer y eso me terminó de lanzar por la borda (pero aclaro que no sucedió porque fuera culpa de ella, si no por mis propios pensamientos).

El asunto con el desorden de ansiedad es que sabes que es estúpido. Sabes con todo el corazón que lo que sucedió no es gran cosa y que se te va a olvidar. Pero ahí es donde el desorden patea con fuerza. De repente las cosas pequeñas son muy grandes y siguen creciendo en tu cabeza, inundando tu pecho y tratando de escapar de debajo de tu piel. Sabes con todo tu corazón que estás siendo ridículo y odias cada minuto de ello.

Autor desconocido.

Era hora de buscar ayuda y en serio.

Ya por dicha tenía trabajo formal por lo que pude acceder a consulta sicológica sin costo alguno e inicié el tratamiento… debo decir que no me ayudó mucho al principio… si no el mismo hecho de cuestionarme porque me sentía así y como había terminado tan mal.

El proceso de pensamiento que esto generó fue poderoso, y espero hacerlo tema de este blog, pues aunque yo ya me sentía bien conmigo mismo desde hace años, la relación con los demás definitivamente ocupaba un poco de introspección… y lo que descubrí al final fue interesante. Lamentablemente tuve que volver locos a varios de mis amigos pues todo el tiempo ocupaba hablar delo que estaba pensando para digerirlo, y agradezco profundamente a los que estuvieron ahí para mi en este año que acaba de pasar.